La silueta es solo uno de los elementos que componen un buen packaging para vino. Antes de tomar una decisión, conviene analizar también los siguientes factores.
Color del vidrio
El color del vidrio puede contribuir a proteger el vino frente a la luz y, al mismo tiempo, reforzar su identidad visual.
- Verde: una opción tradicional en numerosas referencias de vino, especialmente tintos.
- Verde antiguo o tonos oscuros: aportan una imagen clásica y pueden contribuir a limitar la exposición a la luz.
- Vidrio transparente o flint: permite mostrar el color del vino y puede resultar atractivo para blancos, rosados y referencias con una presentación más luminosa.
A la hora de elegir, hay que tener en cuenta la sensibilidad del vino a la luz y sus requisitos de conservación.
Capacidad
El formato de 75 cl es uno de los más habituales en el mercado, pero existen otras capacidades para adaptarse a diferentes ocasiones de consumo y estrategias comerciales.
Tipo de cierre
El cierre debe ser compatible con la boca de la botella y con las necesidades de conservación y distribución del vino. Entre las opciones más habituales se encuentran el corcho, los cierres sintéticos y los tapones de rosca.
También es importante comprobar la compatibilidad con la maquinaria de llenado y taponado de la bodega.
Transporte y almacenamiento
La botella debe funcionar no solo en la bodega, sino también durante toda la cadena logística. Es fundamental revisar las dimensiones exteriores, el peso del vidrio, la resistencia, el embalaje secundario y la compatibilidad con cajas y palés.
Una elección adecuada puede ayudar a mejorar la eficiencia del almacenamiento y reducir incidencias durante el transporte.